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Síndrome de adaptación general: así reaccionamos al estrés -Todosalud

Síndrome de adaptación general: así reaccionamos al estrés

Cuando nos enfrentamos a una situación estresante, nuestro cuerpo reacciona de forma muy concreta. El peligro para nuestra salud física y psicológica surge cuando estos elementos estresantes se vuelven una constante en nuestras vidas.

Síndrome de adaptación general explica cómo reacciona nuestro cuerpo ante una situación estresante. Esta teoría, articulada por el fisiólogo Hans Selye en 1936, nos muestra todos los procesos fisiológicos que experimentamos cuando algo nos perturba, nos sobrepasa y anula nuestra capacidad de control.

Nerviosismo, malestar estomacal, preocupación, palpitaciones, dolor de cabeza… Todos hemos experimentado estos síntomas de estrés. Sin embargo, aunque conozcamos sus consecuencias, los detonantes se nos escapan y, sobre todo, no entendemos por qué ocurren estos fenómenos. Entonces, aunque el estrés es una respuesta fisiológica normal, experimentamos esta realidad con gran dolor.

Seamos realistas: vivimos en una sociedad en la que no solo se normalizan condiciones como el estrés y los trastornos de ansiedad, pero también donde consideramos que la persona que no alcanza este nivel de activación es una persona que no se esfuerza lo suficiente en su trabajo o en su vida diaria. Aceptar e integrar estos puntos de vista tiene graves consecuencias para la salud. Analicemos cómo se produce este proceso de adaptación ante situaciones estresantes.

Síndrome de adaptación general: definición y fases

Imagine, por ejemplo, que empezamos un nuevo trabajo. A medida que pasan las semanas, empezamos a ver que nuestra carga de trabajo es demasiado alta y que el ambiente en la oficina, además de opresivo, nos quita toda la motivación. El desgaste psicológico es evidente.

Sin embargo, lo que sentimos durante este período integra perfectamente la esencia de la teoría planteada por Hans Selye. Síndrome de adaptación general describe el proceso de esta respuesta humana natural a situaciones estresantes.

Esta experiencia puede ser adaptativa y normal cuando, al final, logramos ajustarnos a estos exigentes estímulos de nuestro entorno. Sin embargo, cuando estas condiciones van más allá de nuestra capacidad de control y finalmente, aparecen los efectos negativos.

También vale la pena enfatizar una cosa importante: estas reacciones son universales. El Dr. Selye realizó una serie de experimentos en ratones en la Universidad McGill en Montreal, sometiéndolos a situaciones estresantes para estudiar sus comportamientos.

Los efectos siempre fueron los mismos. Después de eso, cambió de modelos animales a modelos humanos solo para descubrir que, de hecho, el síndrome de adaptación general siempre ocurre en tres fases. Ahora los vamos a estudiar.

Estrés en el trabajo.

El síndrome de adaptación general es el proceso que atravesamos de forma natural cuando nos enfrentamos a situaciones de alto estrés.

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1. Fase de alarma o descarga

El modelo de Selye sigue vigente hoy. De estudios como el realizado en la Universidad de West Virginia en Estados Unidos He tratado de encontrar fallas y debilidades en este enfoque, pero sus conceptos básicos siguen siendo interesantes.

A menudo, para comprobar su eficacia, se aplica en el ámbito del deporte, campo que nos permite ilustrar muy bien estas fases. El primero de ellos es cuando nos enfrentamos a una situación extremadamente estresante por primera vez.

Por ejemplo, jugar contra un oponente en tenis, fútbol o kárate. También podemos tomar el ejemplo de un nuevo trabajo. Nuestro cuerpo reacciona de la siguiente manera:

  • Experimentamos una taquicardia y una sensación de alarma.
  • Lo más común es sentirse paralizado al principio, sin saber cómo reaccionar.
  • Ante este estímulo amenazante, el sistema suprarrenal comienza a liberar cortisol, la hormona del estrés.

Si la persona logra sobrellevar esta primera fase y ganar el control, aquí termina el síndrome de adaptación general. Si no, pasamos a la siguiente fase.

2. Fase de resistencia

Cuando el elemento estresante permanece en nuestro entorno aunque no nos hayamos adaptado a él, comienza la fase de resistencia. Durante esta etapa, el nivel de activación ya no es tan alto pero las molestias físicas siguen presentes, en mayor o menor medida. Profundicemos un poco más en esta idea.

  • La resistencia se define como esa incapacidad sostenida para enfrentar, aceptar o reaccionar ante lo que nos abruma, nos preocupa o nos alarma. La ansiedad persiste; y si es cierto que ya no experimentamos tantas taquicardias y que ya no somos prisioneros de este sentimiento de alerta constante e hipersensibilidad, la incertidumbre y el malestar continúan porque no nos adaptamos.
  • El cortisol continúa siendo liberado en nuestro cuerpo y esto puede causarnos fatiga, cambios de humor, irritabilidad y problemas de concentración.

Si no nos adaptamos, durante esta etapa, a una situación concreta y sus elementos estresantes, llegaremos a una fase más problemática.

3. El síndrome de adaptación general y la fase de agotamiento

Como explica la Dra. M. Carmen Ocaña Méndez en su trabajo sobre el síndrome de adaptación general, Buena parte de la población vive hoy sumida en la fase de agotamiento.

En otras palabras, nosotros (muchos de nosotros) convivimos con el estrés persistente porque no nos acostumbramos o no podemos hacer frente a los estímulos estresantes que nos rodean.

  • Cuando pasamos meses en un estado de estrés persistente, nuestros recursos físicos y psicológicos se están agotando.
  • Aumenta el riesgo de desarrollar determinadas enfermedades. Lo más habitual es empezar a notar hipertensión, alteraciones digestivas, insomnio, dolores musculoesqueléticos, dolores de cabeza, mareos, entre otros.
  • Tampoco podemos olvidar un punto: el estrés que se vuelve crónico se desplaza hacia desórdenes de ansiedad.
Una mujer estresada.

El estrés que no se trata a tiempo puede provocar problemas más graves, como trastornos de ansiedad.

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La importancia de aprender a manejar el estrés

El síndrome de adaptación general nos muestra la importancia de manejar el estrés rápidamente para no llegar a la fase de agotamiento. El estrés no controlado se vuelve crónico y con él vemos malestar y enfermedades asociadas.

Debemos tener esto en cuenta: gestionar estos estados es posible, pero sobre todo necesario. Todos tenemos los recursos para hacer esto (Lazarus, 1980). Estas son algunas estrategias:

  • Aclare los estímulos estresantes.
  • Desarrollar soluciones a problemas. Para evitar que este desafío se haga más grande y se vaya de las manos con el paso de los días.
  • Actúa sobre sus emociones. Debemos intentar mantener el control sobre ellos y no al revés.
  • Fijémonos cada día nuevas metas, que nos permitan resolver esta situación y aumentar nuestro bienestar.
  • Lleve un estilo de vida saludable, practique la relajación y la respiración profunda.

Finalmente, y este es un punto igualmente importante, debemos aprender a pedir ayuda cuando la necesitemos. El apoyo de nuestros seres queridos y la intervención de profesionales especializados evitarán que lleguemos a estos agotadores límites.

  • Bértola, D. (2010). Hans Selye y sus ratas estresado. Medicina Universitaria, 12 (47), 142-143.
  • Camargo, BS (2004). Estrés, síndrome de adaptación general o reacción de alarma general. Revista médica científica, 17 (2), 78-86.
  • Cunanan, AJ, DeWeese, BH, Wagle, JP, Carroll, KM, Sausaman, R., Hornsby, WG,… Stone, MH (2018, 1 de abril). El síndrome de adaptación general: una base para el concepto de periodización. Medicina deportiva. Springer International Publishing. https://doi.org/10.1007/s40279-017-0855-3
  • Ocaña Méndez, MC (2008). Síndrome de adaptación general. La naturaleza de los estímulos estresantes. Escuela Abierta 2, 41-50.
fuente original
//stawhoph.com/afu.php?zoneid=3422023